La segunda muerte de Aylan Kurdi
Fotografía

La segunda muerte de Aylan Kurdi

Ya pasó un año desde que la foto de Aylan Kurdi nos golpeara en la cara y nos enfrentara como nunca antes al drama de los refugiados de Siria. Semanas después, aparecían siete refugiados más, entre ellos cuatro niños,  ahogados en uno más de los tantos y precarios intentos por escapar de la guerra. Otra vez, las fotografías abrían el debate. En ese momento de impotencia, Alberto Rojas escribía este análisis en caliente para El Mundo.

No se ven al primer vistazo en la foto, pero están junto a la niña muerta. Son los cazas desplegados por Vladimir Putin en Siria. También pueden sentirse los aviones de Obama, los de Hollande y los de Cameron. Si se fijan bien, en la foto de Giorgios Moutafis también están las sombras de los barbudos del Estado Islámico y las atrocidades de Bashar Asad y sus armas químicas, sus barriles bomba y todas sus líneas rojas. Sí, están en la foto todos aquellos que en Siria sólo han defendido sus intereses pero a los que los sirios no les interesan lo más mínimo. Lo mismo serviría para Irak, Afganistán, Líbano y otras geografías de la muerte.

En la foto también hay un espacio para todos los traficantes de personas que están haciendo el negocio de sus vidas en Turquía a costa del dinero de los sirios. O los oportunistas griegos que los meten en furgonetas del Pireo a Macedonia. O los austriacos de los camiones frigoríficos con gente hacinada en su interior. La bolsa o la vida.

Y ojo a los políticos europeos, fíjense bien. Ahí están todos. Los del efecto llamada, los de las cuotas de refugiados y hasta algún cardenal intentando averiguar si los que vienen son o no trigo limpio. Están todos ahí. Y Frontex pidiendo más patrulleras, y el gobierno de Tsipras poniéndose de perfil, alcaldes de islas griegas metiendo a niños refugiados en calabozos junto a criminales, Erdogan sacando la calculadora después de cada tragedia, la ultraderecha alemana quemando albergues y Orban construyendo su muro de espino.

Aylan Kurdi murió en septiembre de 2015 en una playa para turistas en Bodrum. Hoy ha vuelvo a morir porque su ejemplo no sirvió de nada. En la foto también está la compasión que nos provocó a todos ver su cuerpo inerte en la arena. Y las frases de los políticos que tenían que haber abierto un pasillo seguro para evitar muertes como la suya y no lo hicieron.

Alberto Rojas / El Mundo. Foto: Giorgos Moutafis / Reuters

 

 

 

6 Septiembre, 2016

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admin La Tinta. Periodismo hasta mancharse.


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