Invasores al ataque
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Invasores al ataque

Sólo a ellos Messi no esquiva. Se queda quieto y satisface el impulso de los invasores. ¿Quiénes son y por qué lo hacen? Están en todos lados y alguna vez, todos quisimos imitarlos. ¿Qué ganan? ¿Qué pierden? Algunos quieren verse en TV, otros buscan salvar su club.

El pasado jueves Lionel Messi volvió a la Selección Argentina tras su breve y ruidoso alejamiento. No sólo tuvo que soportar patadas charrúas, sino que también un pseudo tackle accidental de un hincha, cometido al final de su frenética corrida hacia el ídolo.

En España se dice que los reiterados encuentros del 10 con los fanáticos intrusos, cada vez que juega las eliminatorias, no estarían cayendo bien en los dirigentes de Barcelona. Y más aún si 48 horas más tarde, su otra estrella sudamericana, Neymar Jr, es abordado por una decena de aficionados que observaban un entrenamiento.

¿Quiénes son estas personas que hacen eso que todos querríamos hacer alguna vez? ¿Hacerlo vale más que soportar sus consecuencias? ¿Qué ganan? ¿Qué pierden?

La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada”, me dice el sociologo Gustave Le Bon desde un viejo apunte de la facultad.

 

Armen Lío

Esquiva absolutamente a todos. Pero ante ellos se queda estático. Sabe de qué se trata. Es como si existiera un pacto implícito que él, Lionel Messi, y ellos, los invasores, están dispuestos a cumplir.

Cada vez más reiteradas parecen ser las apariciones de fanáticos en medio del campo de juego para conseguir algo, por más mínimo que sea, del mejor jugador del mundo.

En la Copa América Centenario, ocurrió en dos oportunidades: ante Panamá y contra Estados Unidos. En el primer caso se pudo ver incluso a Messi interceder ante los oficiales de seguridad para que no lastimen al intruso.

Le han tocado la cabeza, lo han abrazo, lo han reverenciado, se han sacado selfies y hasta le caen del cielo, cada vez que se arrojan desde los palcos. Nadie sabe exactamente qué sucede con ellos después. Viven un instante en el que son el centro de atención de todo un estadio y a veces de miles de televidentes. Incluso el ídolo los advierte, tienen una conexión. Pero no pasará más de ahí y apenas permanecerán unos segundos más en la memoria de corto plazo de Messi. ¿De qué valió?

“Es un sentimiento incomparable. Sientes mariposas por todo el cuerpo y se te llena de adrenalina. Por supuesto tienes algo de incertidumbre y miedo, pero cuando empiezas a correr delante de miles de personas que solo te miran a ti es un subidón”.

 

Doctor Jaume y Mister Jimmy

Esta nota podría hablar sólo de él: Jaume Marquet i Cot, más conocido como Jimmy Jump, el catalán fanático de Barcelona que ha fabricado una carrera en el imaginario popular europeo a base de sus apariciones en megaeventos deportivos o de cualquier otra índole.

“Ha besado la mejilla de Messi, ha tocado la Copa del Mundo y ha intentado despeinar a Cristiano Ronaldo”. Con esas palabras un medio español lo presenta antes de ofrecer la entrevista con el invasor nº 1. Meterse entre el Rey y el Dalai Lama, también forman parte de su currículum.

Su historia es tan bizarra como el motivo de su fama. Cuando Jimmy Jump es Jaume Marquet i Cot, es también un agente inmobiliario de 40 años, familiero e hijo de una casa de clase media alta. Estudió en un colegio del Opus Dei, donde fue sancionado numerosas veces por rebelde. De joven comenzó a militar por la causa independentista catalana y llegó a ser candidato a la alcandía con 24 años por el PI (Partido per la Independencia).

Sus padres afirman que la primera intromisión, con tan sólo nueve años, fue en el Vaticano luego que lo perdieran de vista. A los pocos minutos, los altoparlantes convocaban a los padres de un menor que se había filtrado en dependencias secretas de la Santa Sede: “Siento algo especial”, fue la única explicación que dio.

Desde ahí comenzó a sospechar que un “otro yo” lo posee en algunos momentos y en especial cuando hay cámaras de por medio. Actor y presentador de TV frustrado, nunca consiguió más que un papel de extra en una película española. A veces cuando habla sobre él, lo hace en tercera persona y hasta se puede hacer difícil no disociar al exhibicionista del ciudadano común. Son dos personas en una.

 Afirma que todo es impulso y si no lo invaden esas ganas de saltar al campo de juego, de nada sirve la planificación previa: “A veces lo preparo todo, pero no surge. Un año durante los premios Sant Jordi en el Palau, por ejemplo, estaba en primera fila y pude saltar. Pero no tenía ganas”, dijo en una entrevista.

Pero la Justicia no sabe distinguir entre Doctor Jekyll y Mister Hyde. Es así que por cada travesura de Jimmy una multa le llega a Jaume: “Sí, cada vez que me pillan recibo una buena multa. Mi carrera por el Olympiastadion de Berlín me costó 1.000 euros y tengo una deuda acumulada de unos 300.000”, le contó a Sport Vice en 2010.

Según sus padres, Jaume está fundido y no tiene como afrontar esas deudas. Sin embargo, es Jimmy quien soluciona el tema a través de su web oficial donde vende remeras con su nombre y acepta donaciones para seguir solventando sus estelares apariciones.

 

Okupas

Así como hay decenas de casos donde el invasor actúa acompañado de una multitud y no en soledad, también se dan los casos donde estas invasiones guardan un sentido más noble que el de satisfacer un antojo narcisista.

Un caso no muy lejano en el tiempo es el de los hinchas del Blackpool F. C. de Inglaterra, quienes vienen boicoteando a los dueños de su equipo, la familia Oyston.

La lógica de los clubes-empresas se aplica casi en su totalidad en el Reino Unido. La mala administración de Blackpool, que sólo se dedicó a endeudarse y obvió hacer inversiones, provocó dos descenso en apenas dos años, pasando de la Primer League a la League One y de allí a la League Two, el Federal A de los ingleses.

Bajo la consigna “not a penny more” (“ni un penique más”), los fanáticos se rebelaron contra el presidente Karl Oyston e iniciaron una convocatoria vía redes sociales. Así, en el minuto 48 del último partido de la temporada 2014-2015, ante el Huddersfield, una multitud se abalanzó hacia el verde césped y se sentaron más de una hora en el círculo central.

 

Las consecuencias fueron: la cancelación del encuentro, una multa al club de 50 mil libras por parte de la Football Association (FA) y la suspensión por un año del ingreso de público local a su estadio “por no controlar espectadores”.

Una de las grandes imágenes que regaló ese momento fue la de un hincha en silla de ruedas ingresando al campo de juego (min 20:40) y siendo parte de la manifestación: “La intención fue llamar la atención del mundo del futbol para dar a conocer la situación del club y la relación inexistente entre los dueños y los seguidores”, dijo Kevin Boroduwicz, secretario de Blackpool Supporters’ Trust, la organización de hinchas que se opone a la nueva dirigencia.

Los seguidores del Blackpool invierten esa tesis de Le Bon. La multitud puede ser intelectualmente superior al individuo aislado, que busca la exposición o el recuerdo personal. El sentido de pertenencia es lo último que les queda ante la expropiación de su club y la defensa de ello los ha llevado incluso a confeccionar una camiseta alternativa para no comprar la oficial. Parece que nadie entiende que ellos son el club y los empresarios, los invasores.

El Diego
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5 septiembre, 2016

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El Diego


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